Bueno, a ver si desempolvo la bitácora esta...
Hace algo más de un mes leí una historia en Microsiervos sobre un vizcaíno que ha montado una iniciativa llamada «Luces 24 horas». En la web se promueve conducir siempre, a todas horas, con las luces encendidas. Es una medida de seguridad que ya es obligatoria en bastantes países y que en España sólo se aplica a algunos tipos de vehículos, como las motos.
Llevar siempre las luces encendidas tiene mil ventajas de seguridad: te ven mejor los otros conductores y también los peatones; no te distraes por tener que encender/apagar las luces cuando atraviesas un túnel o te metes en un garaje; ni tienes que estar decidiendo si está lo bastante oscuro para encenderlas; etc. En definitiva, aumenta tu visibilidad y con eso reduce el riesgo de accidentes. Razón suficiente para utilizarlas y argumento suficiente para que en media Europa su uso sea obligatorio.
Yo ya tenía la costumbre de llevar las luces encendidas casi todo el rato, sobre todo en carretera. En la ciudad las solía apagar cuando el tráfico estaba lento, ya que en ese caso la luz no aporta mucha más seguridad y encima gasta bombillas. El caso es que supe de la iniciativa esta y me quedé prendado: sobre la marcha pedí las pegatinas que ofrecen en el sitio web, decidido a alumbrar con la luz de cruce a diestro y siniestro.
Así que el 8 de septiembre me llegaron las pegatinas y me convertí en militante activo de la causa pro-luz. Por cierto, que caí en la cuenta de que nunca antes había puesto una pegatina en un coche. Y así me quedó hecha un cagarro, tendré que pedir otra...
Un inevitable efecto secundario de mi afiliación a Luces24Horas es la proliferación de «ciudadanos solidarios» que me alertan de mi supuesto despiste con ese gesto inconfundible con la mano, abriéndola y cerrándola rápidamente como si imitaran al Pato Donald (o, empleando una metáfora más guarra, como si le tocaran los pezoncillos a una chica invisible). Y es que, en este país, si vas caminando por la calle con la bragueta bajada, nadie se digna a avisarte. Pero si se te ocurre circular en ciudad con las luces encendidas, tendrás a una pléyade de vecinos dispuestos a advertirte de tu imperdonable equivocación. Conté 29 personas desde el 8 de septiembre al 8 de octubre. Bastantes, teniendo en cuenta que no circulo mucho por ciudad. Las técnicas empleadas para el aviso fueron, aparte del Pato Donald-pezoncillo: el pique de luces o ráfaga; el gesto «palanquita», que consiste en girar el puño a izquierda y derecha, como dándole a una palanquita. Ah, también uno me gritó desde la acera: «¡¡¡LAA LUUUUuuuuuz!»
El ciudadano más vehemente fue un señor anciano a la salida de mi pueblo. Yo hacía cola mañanera para incorporarme a la carretera y el señor, que caminaba por la acera, me hizo el gesto «palanquita». Yo le respondí con una sonrisa cortés y un alzamiento de mano, como hago con los otros buenos samaritanos. El buen señor no se quedó contento con mi pasividad e insistió en la advertencia y el girito de puño, a la que respondí con poco más que un arqueo de cejas. Pues al ver que yo no le hacía puñetero caso, el señor se abalanzó sobre mi coche y empezó a golpear ferozmente al capó. Eso con una mano. Con la otra seguía con el gestito del puño, ahora en actitud casi amenazante. Su rostro parecía decirme «chaaaaacho, capulloooo, ¿no te das cuenta de que llevas las luces puestas? ¡Ahora mismo entro en el coche y te las apago yo mismo, cacho mamón!»
Luces 24 horas, diversión garantizada...
Referencias