La epidemia de los copiapegas
Leo en este artículo de Jacques Bulchand una reflexión sobre la proliferación de los copiapegas en los trabajos escritos de estudiantes.
Le estaba contestando en su bitácora, pero el comentario me estaba quedando mastodóntico, así que lo reconvierto en un post a esta bitácora, que los comentarios de más de diez líneas son de muy mala educación :-)
Desde luego, el copiapega en los trabajos escritos se ha extendido como la pólvora, para mayor frustración de los enseñantes. Como dice Jacques, les pides a tus alumnos una historia de Microsoft y te entregan un mazacote de textos saqueados de Internet, pegados entre sí de cualquier manera. En no pocos casos, si escoges una frase más o menos llamativa del trabajo y la buscas en el Google te encuentras con un documento idéntico al que te han entregado. El panorama resulta desolador, porque los estudiantes se limitan a pegar textos sin entender nada del contenido.
A pesar de todo esto, yo no me alarmaría tanto con esto del copiapega. Al fin y al cabo, se ha practicado siempre. Yo mismo, en mis cada vez más lejanos años de EGB y BUP, me pegaba unas fusiladas gloriosas en los trabajos de Sociales (Geografía e Historia, vamos), casi siempre saqueando de la enciclopedia Larousse. Y eso era una práctica generalizada en mi generación. La gran diferencia entre 1981 y 2006 es que actualmente el copiapega es mucho más fácil: hay muchísima más información en línea y todo el mundo dispone de herramientas para proceso de textos.
Pero el copiapega de hace veinticinco años tenía características más sanas que el actual. Veamos por qué. Supongamos que a un estudiante de 1981 le encargan glosar la biografía de Carlos V. Sin Internet ni procesador de textos, este chiquillo tenía que ir a una biblioteca a buscar material, seleccionar qué textos fusilaría miserablemente, para luego copiarlos a mano o con una máquina de escribir. En estas condiciones, la selección de los textos era importante, porque el coste de copiar era enorme. Por tanto tenías que aprender a sintetizar y quedarte con lo más importante, y eso exigía de alguna manera entender lo que estabas fusilando de la enciclopedia. Por tanto, copiabas pero aprendías. Por supuesto, este modelo de aprendizaje ya no es válido en 2006. Si le encargas la biografía de Carlos V a un alumno de Secundaria, en dos ratonazos tendrá un copieteo de la Wikipedia bellamente formateado con su WordOpenOffice. Y no se habrá enterado un pimiento ni sabrá si Carlos V era un cantante o una marca de vino.
Y ahí es donde creo que radican tanto la causa como la solución al problema. Si queremos que nuestros estudiantes pongan algo de su parte en los trabajos de investigación, las tareas tienen que tener una naturaleza que vaya acorde con la facilidad que tenemos hoy para buscar información. Los profesores o educadores de 2006 seguimos funcionando con esquemas mentales de hace veinte años y encargamos tareas que ya han dejado de tener utilidad pedagógica. Ya no se les puede pedir la biografía de Carlos V. No. Hay que asumir este hecho irreversible.
Jacques pone como ejemplo un trabajo sobre la historia de Microsoft. Tomando como base este tema, se me ocurren diversas técnicas que se pueden utilizar para obligar a que los estudiantes a mojarse más en su trabajo de investigación y no caer en un copiapega estéril:
- En lugar de pedir que redacten un ladrillo escrito, pídeles que se preparen una exposición oral, apoyada en unas diapos. El obligar a verbalizar fuerza a que tengan que entender mínimamente lo que dicen, y también obliga a sintetizar.
- En esta misma línea, se pueden pedir mapas conceptuales. O sea, gráficas que relacionen a los personajes claves del tema (ej. Bill Gates, Paul Allen...), las tecnologías, los productos, etc. Estos elementos pueden ser fotos, dibujos, etc. con enlaces a direcciones web donde se hable de ellos. Este tipo de trabajos suele ser divertido.
- Asume que Internet existe. En lugar de pedirles que copien fragmentos de textos sobre un tema, encárgales que te recopilen enlaces sobre el tema y que los clasifiquen, los valoren, los comparen...
- Pídeles opiniones personales. En lugar de encargarles que te narren la historia de Microsoft, pídeles que opinen sobre la influencia de Microsoft en el mundo, que valoren cuáles fueron las claves del éxito de Microsoft, etc.
- Algo que es más fácil de hacer actualmente es el seguimiento día a día de un asunto. Por ejemplo, que durante un mes recopilen las noticias sobre Microsoft que aparecen en la prensa digital y luego las analicen y resuman.
- Si a pesar de todo decides que preparen una historia de Microsoft, hazles siempre un examen escrito sobre su propio trabajo. Así tendrán la necesidad de asimilar algo de lo que copian. Esta opción me gusta menos, pero atenúa los efectos perniciosos del copiapega y exige menos creatividad al profesor.
- Plantea trabajos de mayor complejidad. No les pidas una historia de Microsoft: pídeles una comparativa de las trayectorias de cinco empresas de tecnología; que analicen los veinte mejores productos de software de los últimos treinta años; confrontar cómo tratan las bitácoras a esa empresa; etc. Tareas que exijan procesar la información encontrada y sintetizarla.
- etc.
En resumen, creo que el problema del copiapega en la enseñanza no es tan terrible como aparenta, y que es solucionable adaptando las tareas que hacen los estudiantes al ecosistema tecnológico en el que vivimos actualmente. Habrá que echarle imaginación.
La cuestión es que los estudiantes nos dan lo que nosotros les pedimos. Si les pedimos algo que se resuelve con un copiapega, nos entregarán un copiapega.

encefalogramaplano dijo
Tras la lectura de este magistral post, como de costumbre, señalar que efectivamente es una constante universal del ser humano, el "mínimo esfuerzo". Para el profesor pensar estrategias alternativas para que el alumno aprendar realmente es muy trabajoso, así que recurre al mismo esquema de siempre: enunciado sencillo y generalista y que se busquen la vida. Y la vida se la buscan, con copiapegas enormes. Tanto profesor/educador como alumno hacen lo mismo, pero desde lados opuestos. En mis también cada vez más lejanos años de instituto tenía un profesor que nos mandaba un trabajo de cada tema de Historia. Valoraba los trabajos pesándolos delante de la clase y abriendo al azar una página para ver qué tenía escrito. Además valoraba muy positivamente que tuviera fotos. Al final la gente (entre ellos yo) copiaba el menor texto posible pero metía fotocopias de fotografías de cinco o seis libros diferentes, engordando el trabajo. Todo el mundo aprobaba, estaba claro.
Es fácil echarle la culpa a otros, en este caso a los alumnos, por no hacer lo que quiere que hagan para usted trabajar menos, señor profesor.
Lo siento, creo que he sobrepasado las diez líneas.
15 Septiembre 2006 | 08:52 AM