Soy poligonero
Esta semana el suplemento digital GPS de El Mundo dedica su espacio a los poligoneros. Casi suelto una lágrima de emoción al ver cómo un vocablo tan típicamente grancanario cruza el charco y comienza a invadir el habla del norte de Despeñaperros. Si hemos de hacer caso al artículo de El Mundo, el concepto original de «poligonero» se ha transmutado, en su viaje a Madrid, de su definición original de «persona barriobajera o de barriada, de bajo nivel cultural y estatus social», a «aficionado a frecuentar discotecas situadas en polígonos industriales». Supongo que esta alteración semántica sirve para mejor encaje del concepto en el ecosistema social madrileño. También puede ser porque al becario mileurista que le tocó redactar el artículo no se le ocurría otra cosa...
El término «poligonero» nos transporta al desarrollismo tardofranquista de los años 60 y 70. Los promotores que una década antes se habían enriquecido construyendo miserables barriadas de protección oficial, las llamadas «casas baratas», aprendieron a edificar con el mismo propósito, pero esta vez moles de diez o doce plantas apiñadas en hileras grisáceas, sin centros educativos, ni parques, ni instalaciones deportivas, ni centros de salud, ni bibliotecas (¿biblioqué?)... vamos, ninguna de esas mariconadas socialistas que hubieran encarecido esas nobles iniciativas inmobiliarias. El franquismo desarrollista otorgó a estas nuevas urbanizaciones el pomposo apelativo de «polígonos». Y la clase obrera urbana empezó a procrear en los polígonos, y de esos polvos vienen estos lodos, hasta llegar a Layonel, Marisleisis y Kenia del Carmen y sus simpáticas formas de vida.
El concepto de poligonero o chandalero ya ha sido propagado en Internet por el célebre Estudio sobre la Subespecie Social Denominada Chandalero o Poligonero. También hay otro texto divulgativo más de época navideña, llamado carta de un poligonero a los Reyes Magos. Y hay que mencionar el extenso trabajo de campo desarrollado en 1997/8 por un equipo de investigación que dio como resultado el «Poligonomicón». Esta obra magna se creía perdida, pero ha sido felizmente recuperada en el ciberespacio (parte 1 y parte 2) desde el sitio Canarias Bruta.
Después de una travesía por la Red, veo que es posible que el término «poligonero» pudiera haber surgido de forma independiente en Granada, zona en la que este vocablo lleva tiempo usándose con el mismo significado que en Gran Canaria. Verificar dónde nació realmente la palabra es un apasionante proyecto de investigación lingüística que espero alguien realice alguna vez.
No obstante mis dudas, me quedo con la hipótesis de la canariedad de «poligonero». Canarias tiene el honor de ser la avanzadilla española de todas las tendencias del universo cultural poligonero/chandalero. Las iguanas al hombro, la ropa deportiva de marca, las bandas juveniles de estética portorriqueña... cuando en España esas cosas sólo podían verse en documentales de TV, en Canarias ya llevaban años formando parte del paisaje. Somos el laboratorio de pruebas de culebrones que luego se emiten en el resto del país. Antes de que España supiera que «reguetón» no era un tipo de postre, aquí ya exportábamos cantantes. No resulta extraño que también exportemos vocabulario...

Treiral_ dijo
Muy bueno el post, no sabia que se habia extendido ya el termino tb xD
Saludos!!
1 Agosto 2006 | 10:10 PM