Dentro de mis propósitos de año nuevo o new year's resolutions está no contestar nunca más una llamada telefónica cuyo número no esté identificado.
Por motivos profesionales, este año 2005 he podido estar más tiempo en casa de lo que antes era habitual en mí. Esto me ha dado la oportunidad de padecer directamente el fenómeno de la venta telefónica. Mi teléfono fijo sonaba, mientras exhibía en la pantalla eso de «número privado». Cuando yo descolgaba, al otro lado siempre había alguien que quería venderme algo. Tarjetas visa ma-ra-vi-llo-sas con fantásticos descuentos en gasolineras, donjosemiguel; seguros de vida que ante su eventual fallecimiento aliviarán la economía de los suyos y a tres generaciones más, donjosemiguel, le encantará a usted ser atropellado; donjosemiguel, qué suerte tiene usted que ha ganado un premio consistente en joyas valiosísimas que le vamos a mandar a su casa (eso sí, pagando cincuenta euros por los inevitables gastos de envío, donjosemiguel); grandes obras inmortales de la Literatura Española para satisfacer su sed de cultura, donjosemiguel; ha ganado usted otro importante sorteo, donjosemiguel, para arreglar el envío llámenos al ochenta-sesenta y cuatro-bla bla bla costedelallamadadoscientoseuroselsuspiromásimpuestos. ¿Qué le parece, donjosemiguel?
En algunos casos aguantaba el tipo unos minutos antes de mandarlos al carajo, por la curiosidad de experimentar en carne propia las miserables técnicas engañaviejas que emplean los sufridos comerciales telemáticos. Pero ya estoy hasta las narices de perder el tiempo con este spam telefónico. Ya agoté mi curiosidad y a partir de ahora aplicaré el filtro antiladillas telefónicas.
Adiós, teleoperadores, no os echaré de menos.

Actualización 2/1/2006

Joé, dos de enero y ya tengo el primer spam: del 922325140, ofreciéndome unos cuchillos de acero de regalo, con los inevitables gastos de envío (10 euritos).
¿Habrá en alguna web una «lista negra» de números de teléfono spammers? ¿Para cuándo un aparato de teléfono con antispam?